miércoles, 9 de julio de 2008

Aquellas pequeñas cosas

Hace algunos años pasaba las tardes en casa de mi amiga Melissa, hablando de cine y de teatro.
Mientras fumábamos nuestros primeros cigarrillos como si lo hubiéramos hecho toda la vida, echábamos el humo por la ventana soñando que nos convertiríamos en grandes actrices. Hacíamos planes todos juntos, planes maravillosos que nos convertirían de golpe en las personas que queríamos ser, sin ningún esfuerzo porque, ¿no era bastante con desearlo y tenerlo claro?.

Ay... que bonita es la adolescencia.

También, hace algunos años, iba al barrio del aeropuerto a dar clase con un novio que tuve y del cuál guardo un recuerdo envuelto en una ternura infinita. Las tardes de primavera llenas de viento esperando el autobús viendo los aviones pasar.

También recuerdo la casa de mi tía Lola, dónde tragaba películas como tragaba las nubes de chuchería y dónde escuchaba a Serrat, Silvio, Sabina... mientras miraba a los mayores hablar.

Muchas veces me acuerdo de la calle Alcalá, con sus cines, llegando al Retiro paseando por Callao, entrando en Madrid Rock y comiendo un bocata de calamares en la Plaza Mayor.

Me acuerdo del Instituto, de las pellas en el parque de la fune... de los botellones de el Parque Calero... las conversaciones, las risas.... los amigos.

Me acuerdo de que mi hermano y yo salíamos a la terraza con un paraguas cuando llovía y que en la noche de San Juan creíamos que nos iban a alcanzar los fuegos del parque de fúltbol.

Me acuerdo de cuando vino mi hermana por primera vez. Me acuerdo de ver Madrid con Km.0 de fondo, amaneciendo... imponente.

No es que no me guste mi vida aquí, soy todo lo feliz que la vida quiere que sea, mi corazón vivía aquí, mi cambio me esperaba aquí pero... mi despertar estaba allí.

Son aquellas pequeñas cosas que me hacen llorar cuando nadie me ve.

2 comentarios:

Veronica Blake dijo...

Qué momentos tan castizos!

En el fondo es bonito llorar cuando nadie te ve.

Saludos

Sonita dijo...

cuando el corazon pertenece a dos lugares, el alma se entristece de vez en cuando, y las làgrimas a veces acompañan esos momentos de nostalgia y melancolia...
hermoso escrito.